Hace cosa de un mes y medio aproximadamente, detectamos unos pajaritos que querían anidar en un espacio debajo del porche. Para evitar que sus heces ensuciaran el espacio por el que pasamos, improvisamos algunas estrategias para rehuirlos. Primero colgamos creativamente algunos objetos a modo de espanta-pájaros. Nada, volvían. Entonces colocamos unas telas sujetadas a la madera con chinchetas, todo muy casero. Continuaban visitando el espacio, y en pocos días, descubrimos que estaban intentando pasar hacia dentro por una pequeña abertura, la cual cerramos con más chinchetas. Y continuaban acercándose, día tras día. Hasta que finalmente nos rendimos, ¡habían conseguido tirar de la tela de forma que cayera la chincheta para poder entrar y hacer el nido! Me maravillé de la perseverancia de los pájaros.

Y os pongo este ejemplo por si os inspira en aquellos momentos que abandonaríais vuestro sano y provechoso propósito.

Dice la Dra. Nazareth Castellanos, estudiosa de la neurociencia de la meditación, que el cerebro es perezoso. Asegura que, como un músculo, es un órgano que se atrofia si no se lo ejercita correctamente.

Como ya han dicho siempre las culturas milenarias, meditar es el gimnasio al que deberíamos llevar cada día nuestro cerebro.

Te propongo unos recursos para dedicar unos minutos cada día a focalizar la atención, con los ojos cerrados, en una silla con la espalda recta:

Observar la respiración. Cómo entra y cómo sale el aire por la nariz.
Observar cómo estás de piel hacia adentro.
Observar qué escuchan tus oídos.
Observar qué se mueve a tu alrededor.
Observar cada pensamiento y dejarlo pasar.

Hay que tener la perseverancia de los pájaros, pues no es hasta la octava semana que hay signos de fortalecimiento de la corteza prefrontal, y eso es lo que realmente aporta un cambio importante en nuestro bienestar.

Parece ser que el cerebro, cuando no está focalizado en un trabajo concreto, divaga. Hace unos años se creía que cuando no hacíamos nada, el cerebro se detenía, y nada más lejos de la realidad, ¡el cerebro tiene mucha actividad cuando no hacemos nada!

El problema es que es una actividad que nos predispone a la ansiedad y al estrés, porque es un caos entre rumiación, recuerdos, juicios, diálogo interno, futuros preparativos, etc.

Tener la corteza prefrontal en forma nos aporta la capacidad de detener el cerebro cuando realmente no lo necesitamos, y por tanto, tener más calma y más capacidad de vivir el presente.

La experiencia me dice que no ocurre nada si empezamos sólo con cinco minutos diarios. El verdadero regalo es coger el hábito, porque en pocos días empieza a hacerse placentero, entonces ya se añaden los minutos sin esfuerzo.

Lo importante es no abandonar ni un solo día, como la perseverancia de los pájaros.

Si todavía no meditas, que el entrenamiento hacia una vida más serena y llena te llegue en breve.