Observo que en nuestra cultura, en algunos ámbitos de este país, todavía es tabú hablar de hacer terapia. Parece que hay una tendencia a relacionar “terapia” con “estar enfermo”. Nada más lejos de la realidad.

 

Hacer un proceso terapéutico es hacer un trabajo de introspección. Descubrir cómo me siento delante de las situaciones que la vida me presenta. Conocer cómo reacciona mi mente y mi cuerpo. Abrirme a perspectivas diferentes. Darme cuenta de las limitaciones del patrón familiar y social. Reconocer los deseos que me estimulan a seguir creciendo. Disponerme a desaprender y a volver a aprender. Saber disfrutar de la belleza que está en la esencia de todo y de todos. Incluso encontrar el sentido de la vida.

 

Entiendo que puede dar pereza empezar, sobretodo cuando parece que todo va bien, y entonces os preguntéis, ¿para qué es necesario hacer terapia?

 

Durante la infancia vivimos a través de los sentidos, que son como radares, pero el cerebro no está preparado para interpretar sus efectos.

 

Lo importante, en nuestra cultura y en un nivel medio de bienestar, ha sido dar prioridad a la higiene, a estar alimentado y a tener estudios. Los padres ya tenían suficiente trabajo para conseguir estos retos. Por poco que consiguieran, si estamos aquí ya es todo un éxito. Como poco ha servido para mantenernos en vida y saber leer.

 

Lo que nadie nos cuenta es que a partir de esta base, cada persona es responsable de qué hace con lo que tiene. Ya no son los padres ni los maestros quien van a resolver nuestros conflictos. Ahora toca arremangarse y hacer un proceso terapéutico, porque por el camino ha habido heridas y malos entendidos. ¿Conocéis a alguien que no haya tenido? Los sentimientos y el cerebro interactúan en todos los humanos, tanto sean los niños y niñas que han vivido en la abundancia como en los que lo han hecho en entornos de exclusión social. Evidentemente los primeros tendrán más recursos pero esto no les excluye de este trabajo.

 

Hay muchos caminos. Por citar algunos, la psicología da comprensiones y métodos de comportamiento. Las librerías están repletas de material de autoayuda e internet llena de vídeos de personas que ya han hecho su crecimiento personal. Las terapias naturales ofrecen técnicas y remedios que hacen que el aprendizaje sea profundo y eficaz (aprovecho para explicarte con cuáles trabajo aquí).

 

Hacer un balance de nuestro estado de bienestar y aprender herramientas para gestionar los sentimientos que todavía nos bloquean o nos abruman no es estar enfermo. Es abrirse a la mejor versión de uno mismo.

 

Habrá quien todavía pondrá excusas. Algunos tendrán la creencia de que no se lo pueden permitir, me pregunto si sabrán que en internet hay material buenísimo y gratuito donde sólo se pide dedicar unos minutos al día. Otros pensarán que hacer terapia es de débiles o frágiles, ¿sabrán que las personas que se entregan a hacer un proceso terapéutico son ejemplos de gran coraje? También habrá los que tienen la creencia limitante de no merecer ser feliz, ¿de verdad se han creído que no se puede conseguir?

 

Lo cierto es que quejarse es más fácil y en un principio parece más cómodo y económico. Desde aquí animo a sacarse la pereza de encima y a seguir el mensaje de esta frase de Andrea Esteve:

 

“Si lo puedes cambiar, no te quejes. Si no lo puedes cambiar, tampoco.”

 

Laura Pedró Xaus. Todos los derechos reservados.