por poco no lo cuenta

 

Sí, le fue de un pelo, si no llega a tener buenos reflejos, no lo cuenta, o lo cuenta fatal…

 

La vida pulsó en su interior con tanta fuerza que fue capaz de girar la moto hacia el otro lado del abismo. Sí, la vida le ha dado una nueva oportunidad. O, quién sabe, quizá fueron ángeles o seres divinos que nos han dado una nueva oportunidad a los demás.

 

Son cuentos que nos contamos que nos ayudan a pasar la experiencia. Quizá tenía que pararse para entender mejor en qué punto de la vida se encuentra y cómo tiene que continuar. Quizá nos han regalado un montón de horas de estar juntos y compartir nada más que el presente. Quizá otros necesitaban que no estuviéramos, bien para resolver problemas por sí mismos, bien para encontrarse a sí mismos y sus emociones.

 

He visto cómo, en tan solo unos segundos, el cuerpo se rompe. He entendido que repararse un cuerpo roto necesita millones de segundos. El médico también lo sabe. Lo sabía desde el primer día y no se lo dijo hasta pasadas tres semanas, tiempo suficiente para que el cerebro pudiera recalcular de nuevo las consecuencias del accidente.

 

Ahora que ya han pasado más de tres meses, y aunque todavía con una muleta en la mano, vuelve a hacer “vida normal”. Mi marido va a trabajar cada día porque ahí el “tren” no se ha parado. Él, sin embargo, tuvo que detenerse de golpe – lesionarse las dos piernas no tiene otro remedio: sofá y cama y rehabilitación durante muchas semanas. Pero el trabajo no, no ha parado. Muchas son las familias que trabajan en el mismo barco y que falte uno de los comandantes puede acabar siendo un desastre. O ésta es la amenaza que nadie verbaliza pero que sobrevuela la atmósfera mental.

 

En este tiempo he visto la sociedad adormecida. Más de una y dos veces, un patrón rancio y poco evolucionado ha aparecido con comentarios tipo “tu mujer debe estar hasta las narices de aguantarte”. Y nos mirábamos sonriendo, cómplices de saber los regalos que nos han sido dados: darnos cuenta de que esta experiencia nos ha anclado al presente; de que lo más importante es lo esencial; de que, en definitiva, estamos vivos; y de que continuamos enamorados treinta años después.

 

Adormecida la sociedad está, que no se permite escuchar la fragilidad del cuerpo y sus necesidades. Por suerte, él está bien despierto, y aunque ha infringido el consejo del médico de continuar tres meses más de baja, se da el permiso para seguir cuidándose e ir al ritmo que el cuerpo le pide, paso a paso, sin prisa. Ojalá que su ejemplo sirva de espejo y que su influencia ayude a despertar conciencias.

 

O quizá nada de todo esto hubiera hecho falta que ocurriera si hubiéramos llevado algunos temas a terapia. Por si acaso, ya he pedido hora a mi terapeuta para revisar lo que me pertoque.

 

En cualquier caso, para nosotros ha sido un verano diferente. Una experiencia más en la mochila. Y tú, ¿cómo lo has pasado? ¿Qué te ha contado la vida en este tiempo? ¿Qué te has llevado que te sirva para continuar el camino? Me encantará escucharte o leerte.

Laura Pedró Xaus. Todos los derechos reservados.

2019-09-25T19:55:51+00:00