Cuando una persona se encuentra lejos de la práctica de meditar a menudo se asusta cuando escucha la palabra. Yo misma recuerdo que se me paralizaba no sé qué cuando la escuchaba. Quizás lo relacionaba con personas vestidas con hábito que viven en monasterios, o en tierras muy lejanas con olor a incienso. En cualquier caso, creía que no me pertenecía y que no me tocaba.

 

Afortunadamente, mi intuición me iba dando señales de que la meditación sí podía formar parte de mi vida. ¡Bendita voz interior que todo lo sabe!

 

Y se me despierta el deseo de contagiar el bienestar que me da.

 

Mientras reflexiono sobre cómo animar a otras personas a esta práctica tan beneficiosa me sorprende la semejanza que hay entre estas dos palabras / acciones: «medito» y «me edito».

 

Para la palabra editar encuentro esta definición: «preparar o modificar datos para ser publicados» y considero que en la práctica meditativa también nos preparamos o modificamos para ser «publicados», es decir, para sacar nuestra mejor versión.

 

Aunque me atrevo a decir más, meditar, en sí, no es lo suficientemente completo si no hay una «edición» previa. Quizás nos resistimos a «editarnos» porque tenemos la creencia de que somos de una manera que no se puede cambiar, como si estuviéramos blindados. Pero en realidad, lo que creemos ser es un borrador hecho sobre la marcha, sin pensar demasiado. En inglés lo llamaríamos estar «under construction«. Y, como toda edición, requiere un trabajo que hace posible que el resultado siempre sea mucho más satisfactorio. A medida que nos vamos «editando» vamos dejando espacio para sacar el máximo provecho de la práctica de la meditación.

 

Así que «editar» sería el proceso de modificar lo que no nos hace bien, como por ejemplo: aprender a desactivar creencias limitantes; y «meditar» sería el espacio donde dejar reposar el trabajo, ese silencio que da la noche y que al día siguiente te permite ver más errores para editar, si es necesario, o sentir más satisfacción al ver las mejoras.

 

Y cuando me preguntan cuáles son los beneficios, podría hacer una lista larga, pero siempre respondo que es mejor vivenciar la experiencia para comprender, valorar y agradecer tantos beneficios.

 

Sin embargo, es cierto que, por más que revisas y editas, siempre queda alguna letra omitida o un color fuera de tono. Yo soy de las que siempre encuentro errores tipográficos en los libros, y también, en mí misma, pequeñas cosas por pulir, siempre. Y es que «editarse» uno mismo es un ejercicio de humildad constante. Eso sí, el camino hecho a consciencia queda bien guardado en la copia de seguridad que llevamos de serie ;).

 

Ojalá este escrito te abra una rendija para descubrir cómo «editarte» y que la vida te regale muchos espacios de meditación. Te servirá para sentir que, aunque imperfectos, encontramos la paz interior que nos mantiene fuertes y sanos en cualquier situación.

 

Laura Pedró y Xaus. Todos los derechos reservados.