Dicen que los ojos son la puerta del alma, y por fin empiezo a comprender este concepto. Desde dentro, solo puedo entender aquello que ven mis ojos, la luz, los colores, las formas… Solo con la ayuda de un observador externo podré darme cuenta de los matices de la mirada.

 

La mirada, qué palabra más profunda y tan poco valorada. En ella está el alma, el Ser que habita en mi cuerpo.

 

Mi mirada es la expresión interior de lo que siento en cada momento: tristeza si he estado demasiado tiempo en la añoranza; o rencor, si hace días que sostengo el enfado con alguien; también alegría cuando me reencuentro con una de mis preciadas amigas; o la mirada humedecida cuando veo volar a mis hijas…

 

La mirada es rica y extensa en sutilezas, todo un idioma aprendido y para volver a aprender.

 

La mirada es poderosa, a veces difícil de sostener.

 

La mirada es sincera, es clara y no confunde.

 

Y cuando me encuentro en la mirada del otro, esta me hace de espejo. Y voy aprendiendo sobre mi. De bebé me debía sentir enamorada de mi misma, todas las miradas eran dulces y azucaradas. Más tarde me fui encontrando otros matices: la mirada cómplice de hermanos juguetones; otras con cierta celosía de sentir injusticia por algunos privilegios de ser la menor; también miradas enojadas cuando se me educaba para pulir imperfecciones desconocidas; y aquellas con deleite de verme las formas perfectas acabadas de estrenar.

 

Todas las miradas me han hablado, ha sido una comunicación silenciosa, de alma a alma. Con ellas he podido evolucionar, y les estoy profundamente agradecida.

 

Ahora que ya puedo comprenderlo, me descubro jugando a descifrar las miradas que recibo. Algunas me muestran algún miedo interno que todavía me debe quedar, otras la incertidumbre de la vida, pero a menudo -y me emociona que sea a menudo-, me encuentro algunas que son preciosas, confiadas, delicadas, admiradas…y ahora se que todas hablan de mi alma, y me siento enamorada y llena de acojerla en mi cuerpo.

 

Te invito a jugar a leer los mensajes de los ojos, son una fuente sabia de crecimiento.

Laura Pedró Xaus. Todos los derechos reservados.