la magia de la palabra “gracias”

 

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Parece que las palabras solo sean una suma de letras y en cada idioma adquieran un significado. Y así es. Pero no solo esto. La riqueza del lenguaje incluye el sonido de la pronunciación, el tono de voz que se utiliza y la intención que la acompaña. Son cosas difíciles de expresar en la escritura, pero muy vivas y verdaderas en el uso cotidiano de las palabras.

 

Para ponerle un poco de humor, no se si has experimentado alguna vez decir una palabrota en un idioma desconocido enmedio de un grupo de personas que sí lo conocen. A mi no me produce ningún tipo de emoción y ellos se parten de risa o ponen cara de susto. Para nosotros sería una palabra sin alma, pero está claro que tiene una vibración que hace reaccionar a quien está en determinada frecuencia (en este caso, el idioma).

 

Energéticamente, a la palabra “gracias” la tenemos muy abandonada. Sí, sí, todos estamos muy bien educados y la decimos cuando el frutero nos entrega la compra o cuando la vecina nos mantiene abierta la puerta cuando llegamos cargados. También se escucha constantemente a los padres cuando insisten a sus hijos que la repitan (o no tanto…). Parece que tenemos muy presente esta palabra, pero acostumbramos a decirla de manera automática y se nos olvida que tiene alma, que tiene intención, que tiene vibración.

 

Tenerla en cuenta en su totalidad significa mucho más que pronunciarla. Podríamos añadir una mirada atenta a los ojos de la persona a quien la dirigimos; la pronunciación mejoraría si fuera calmada, para que se note que la decimos, que le ofrecemos el tiempo y el respeto que se merece. Es de las palabras que tiene que emitirse desde el alma. Cuando la recibimos con calidad, nos llega directa al corazón y nos hacemos conscientes de su fuerza. Algo se nos despierta.

 

Cuando se utiliza en silencio la magia se multiplica. No hace falta estar en un templo o en actitud de meditación. La podemos utilizar en el autobús, por ser transportados sin tenernos que preocupar del camino, pudiendo disfrutar de una buena lectura o de nuestra canción preferida; también cuando la vista nos regala un buen paisaje o el olfato nos brinda aquellos aromas de las comidas que más nos gustan; cuando sentimos el cálido sol en un día de invierno, o cuando el agua del río nos refresca en verano; y mil cosas más que cada cual vive agradablemente en su piel.

 

Hasta aquí es bastante fácil, solo es cuestión de poner un poco de atención. En cambio, requiere más esfuerzo utilizarla cuando la vida parece que se nos gira del revés. Hay quien prefiere ver el vaso medio vacío, y cada vez estará más vacío. Pero agradecer con la totalidad del sentido aquello que tenemos, en vez de ver sólo aquello que nos falta, hace vibrar y despertar de nuevo la llamarada. La magia aparece como las chispas de los coetes de San Juan, bien expansiva. Y en esta explosión de luz y color, aparecen los aprendizajes escritos en el cielo, que son los que nos darán fuerza para continuar creciendo y que el vaso se vaya llenando.
La magia de la palabra “gracias” está a disposición de todo el mundo, y es gratuita. Cuanto más la utilizamos, más pronto vemos sus beneficios. Si te cuesta tenerla presente por las dificultades que estás atravesando, puedo ayudarte, seré tu entrenadora personal para conseguir el reto.

Laura Pedró Xaus. Todos los derechos reservados.

2019-09-23T09:00:56+00:00