constelacions

 

En la tierra donde nací y la que todavía me acoje, se vive un deseo de independizarse como ente social, cultural y económico. Al margen de los intereses políticos, hay una necesidad de sentirse reconocido y respetado.

 

La dependencia entre humanos, y también en algunas especies animales, es esencial desde el momento de nacer. Somos tan vulnerables e incapaces de sobrevivir por nosotros mismos, que la necesidad hacia el otro es fundamental. Gracias a la generosidad de los que nos precedieron, la vida es capaz de sostenerse en el tiempo.

 

El problema es cuando la dependencia se alarga más de lo justo y necesario. A veces es el propio hijo quien no se despega de las faldas de mamá; otras es la mamá quien no es capaz de soportar que la descendencia se desapegue.

 

En estas situaciones parece imposible separar ambas partes, como si estuvieran unidas con pegamento. La dificultad está en saber cuál es el momento de independizarse, sobre todo en la actualidad y en el lugar donde vivo. En épocas más antiguas, la falta de recursos por parte de las familias impulsaba a los jóvenes a salir del nido y volar, a la búsqueda de un trabajo que los pudiera sostener. En otros países, donde la extensión territorial es enorme, los jóvenes se ven obligados a marchar lejos de casa para continuar estudiando, por lo cual resulta mucho más fácil desaferrarse de quien te ha estado manteniendo.

 

En la independencia crecemos. Sí, nos encontramos con muchas dificultades que antes nos resolvía otro, pero justamente superándolas es cuando evolucionamos. Y, ¿qué significa evolucionar? Según mi parecer, es descubrir los propios recursos y es entender que somos individuos con una riqueza particular. Tanto recursos como riqueza interiores nos hacen avanzar, expandiendo nuestra experiencia de vida. No sólo nos dan el placer de disfrutarlos, también tenemos el deber de cuidarlos y de hacerlos crecer, para ser compartidos con el resto.

 

El catálogo de dependencias es extenso: padres, hijos, pareja, amante, trabajo, comida, drogas, opinión externa, dinero… En todas ellas hay un elemento común: miedo. Seguramente es un temor inconsciente, y estoy convencida que tiene que ver con el miedo a  caminar hacia lo desconocido, y además, en solitario. Glups, sí que da miedo, sí.

 

Pero si nos fijamos en aquellos que han tenido el coraje de independizarse de alguna de estas cosas, una vez superados los obstáculos, viven mucho mejor de como vivían. Y además, para sorpresa de algunos, no están solos.
Desaferrarse o desapegarse de aquello que dependíamos sólo es un paso hacia adelante. Como el excursionista que empieza a ascendir, se hace para sentirse bien vivo. Y consiguiendo el objetivo mostramos nuestros recursos y riqueza interiores, obteniendo reconocimiento y respeto, tanto desde el punto de vista interior como por parte de los demás. Solo así, grandes y fuertes, podemos sentirnos en equilibrio en cualquiera de las relaciones, y solo así, podemos compartirnos.

Laura Pedró Xaus. Todos los derechos reservados.