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Me siento débil, pero no lo puedo mostrar. Me he creído lo que he visto en las películas, he leído en las novelas, he escuchado a los vecinos, he visto en la familia, he oído en la escuela… No, los hombres no podemos ser vulnerables. Así, si alguna vez, durante una milésima de segundo, tengo esta sensación, me siento perdido, quiero fundirme. En estos casos, me escondo. Sí, me va mejor si pongo cara de enfadado, si me quejo de alguna parte del cuerpo que me duele, o de mis problemas en el trabajo. Esto está bien aceptado, así que me apego a la idea.

No se qué pasaría si mostrara mi debilidad. La verdad es que siempre he evitado pensar en ello. Es como un espectro que me amenaza, pero hago como si no existe. Puede ser peligroso solo imaginarlo, mejor si miro hacia otro lado.

Peligroso…pensándolo bien, ¿qué podría pasar? Lo primero que me aparece son las risas de unos niños, olvidados en un rincón de la memoria. Uf, qué dolor, siento una punzada en el estómago. Y ahora me viene un comentario fugaz de un vecino diciendo “los niños no lloran”. La garganta se me bloquea, el aire se seca. Y no hace mucho, mi jefe me recriminaba que no hubiera aceptado aquel traslado de tres años a Boston. “Vaya flojo”, me decía. Y todo se me afloja.

¿Qué es lo peor que me puede pasar?: punzada en el estómago, nudo en la garganta y flojera general. No parece tan peligroso. Si me concentro un poco consigo que el estómago se relaje y ya no tengo ninguna molestia. La garganta se ha destensado y ya no aprieta. Parece que la energía se ha activado y me siento fuerte.

Poner resistencia y no traspasarlo solo hacía que empeorar los síntomas. Mis relaciones se resentían, a nadie le gusta estar acompañado de alguien malhumorado o quejoso. En el trabajo me estaba poniendo a la defensiva, y esto me impedía desplegar todo mi talento.

Ya está, ya lo tengo. A partir de hoy, decido mirar mi debilidad a la cara, se que forma parte de mi. Además, la palabra es femenina y ella me ofrece la posibilidad de experimentar y explorar el mundo de una manera diferente, desconocida. Con ella vendrá la reflexión, la poesía, la ternura y la creatividad. Me siento lleno, completo. Ya no estoy perdido ni me quiero fundir como el hielo. Ahora se me despliegan alas y llego hasta donde no podía imaginar. Me siento pletórico.

Gracias a ti, debilidad, vulnerabilidad, sensibilidad, por estar en mi y mostrarme todo este potencial.

Laura Pedró Xaus. Todos los derechos reservados.