ya llega la navidad

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Sí, ya llega, la vida vuelve a oler a navidad. Luces en calles y balcones, escaparates rojos y brillantes, ágapes y festejos… todo ello con sabor a mantecado y turrón, con burbujas doradas que suben y bajan, con mensajes y deseos multiplicados por las redes… sí, ya llega, la vida vuelve a oler a navidad.

Las emociones se mueven sin parar. A los más pequeños se les despierta de nuevo aquel entusiasmo anclado en sus memorias. En pocos días la magia se presenta de diferentes colores, con la esperada aparición de lo deseado.

Los jóvenes ya conocen el abanico de trucos, pero la chispa del recuerdo se les vuelve a encender en la mirada.

En los adultos la cosa cambia. Como en el teatro, toca ocuparse a telón cerrado. Detrás del escenario hay un montón de trabajo a hacer. La función se repite cada año, pero la exigencia de unos, y la creatividad de otros hace que, a menudo, se viva con sufrimiento. El estrés y el desbordamiento están presentes de forma latente. La culpa aparece de vez en cuando, como si fuera la directora de la obra que se va a representar. La tristeza se muestra en aquellos a los que todo esto les remueve la herida de la pérdida amada.

Mientras tanto, la máscara de la cordialidad está colgada en todos los pasillos, para recordar que ahora no toca dejar ver todo aquello que se nos mueve por dentro.

De nuevo se nos presenta la oportunidad de vivirlo, y en cada edad, sus matices. Lo importante es descubrirnos poco a poco a través de cómo lo vivimos. Todo está bien, sí.

Deseo que la función de este año te mueva mucho, en y con todos los sentidos. Significará que la vida continua pulsando dentro de ti.

Felices Fiestas.