Como he expresado otras veces, conocerse no es una ciencia, es un arte. Y como toda obra artística, requiere de creatividad, es decir, abrirse y entregarse a la vida, en este caso, entregarse a saber de uno mismo.

¿Qué quiero decir con estar abierto y entregado a la vida? En el momento que tenemos vida, ella está disponible para nosotros. Tiene una función muy clara, se quiere manifestar a través nuestro. Si no expresamos nuestros tesoros, la vida se puede sentir poco respetada y caer en depresión.

En el mundo natural, cuando un animal o vegetal es tocado por la vida, éste se pone en movimiento para expresar su existencia. No hay nada que frene el deseo de manifestarse como seres vivos, tal como son.

En cambio, en la especie humana, hay un elemento castrador que hay que transformar: la capacidad de observar a los demás y a nosotros mismos a través del juicio.

El juicio va de la mano del sistema de creencias, y todo ello está instalado en nuestro «software» o subconsciente.

Este mecanismo humano nos auto-limita. No nos permite entregarnos completamente a la vida, ni a nosotros mismos.

En un principio tuvo que crearse por la necesidad de pertenencia. Si hacemos lo que gusta al grupo, sentiremos que formamos parte (sea la familia, la tribu, la sociedad …). Y eso, cuando fue creado, nos salvaba de estar solos ante posibles depredadores o ambientes hostiles. Genial.

Pero esta necesidad ha sido utilizada durante siglos para manipular y obtener poder sobre los demás. No tan genial …

Esto ha provocado que la mayoría, desde pequeños, hayamos intentado ocultar nuestra verdadera esencia, haciendo que, de adultos, nos sintamos desorientados porque ya no sabemos quiénes somos.

¿Como (re) descubrirnos?

A través del auto-conocimiento, que nos permitirá responder a preguntas tipo «¿qué me gusta?», «¿qué me hace sentir bien?», «¿cuál es mi criterio?», «¿cómo son las emociones que siento?», «¿cuáles son mis habilidades?», etc.: SIN JUICIOS.

Hoy tenemos la certeza de que, si nos expresamos genuinamente siendo fieles a nuestra esencia, ponemos en marcha un mecanismo poco conocido, el de la energía. Cuando ponemos acción generamos una frecuencia vibratoria (física pura), y por resonancia nos vamos atrayendo. Esto sería como sintonizar una emisora ​​de radio, que nos sentimos atraídos por ella por el tipo de contenido o música que suena. Pues lo mismo nos pasa como personas, que nos sentimos atraídas y acogidas de manera natural por personas o grupos de personas que viven en la misma frecuencia energética que nosotros. Esta es la manera de llegar a sentirnos verdaderamente acompañados, y por tanto, amparados, que es lo que más anhelamos.

Ojalá todos fuéramos capaces de salir del victimismo en el que el juicio nos ha mantenido atrapados.

Aprovecho para proponer un reto: ser capaces de vivir tres días seguidos sin juicios. En el momento en el que nos demos cuenta de que estamos emitiendo un juicio (hacia nosotros o hacia los demás), el contador se pondrá a cero 😉

Quien lo consiga tiene premio: el regalo de vivir sin el peso del juicio y ¡sentirse más libre!

Mágicamente, cuando nos abrimos a experimentar el arte de conocernos, todo se hace más fácil y ligero.

 

Laura Pedró Xaus. Todos los derechos reservados.