Cuando no sé comunicarme, el otro no sabe qué necesito ni cómo me siento. Tampoco sabe qué opino de sus acciones. 

Los humanos tenemos la capacidad de hablar a través del lenguaje, pero si en el entorno no se habla ninguno, no somos capaces de articular palabra.

Lo mismo nos pasa en el arte de comunicarse y de dialogar. Si no escuchamos cómo se hace, no aprendemos.

Quizá haya países donde se cultiva este arte, en el entorno familiar y en la escuela. De la misma manera que se estimula a apreciar la pintura, la música o la danza. 

Si pudiera, en mi país, me plantaría cada día del mundo delante de gobiernos y de plazas mayores, armada con micrófono y altavoz, y pediría que se aprendiera a hablar para entenderse y para llegar a acuerdos.

En mi casa, como en tantas y tantas casas de esta cultura, no hemos podido aprender este arte. Ni padres, ni abuelos, ni bisabuelos. Nos viene de muy lejos. Tierra de intercambio con otras culturas, donde todo debía terminar en el interés comercial. En los adentros, todo quedaba sin decir.

Si pudiera, en mi planeta, me plantaría cada día del mundo delante de gobiernos y de plazas mayores, armada con micrófono y altavoz, y pediría que se aprendiera a hablar para entenderse y para llegar a acuerdos.

Lo que sí puedo hacer es empezar a aprender, y mi terreno de entrenamiento será en casa, la que yo he creado y con quien comparto la vida. No sé cómo empezar pero seré humilde y me permitiré equivocarme. Los errores serán parte del acierto. Y después de un tiempo entrenando con constancia, un día también lo sabré hacer con los vecinos. Y poco a poco, iré ampliando el abanico de relaciones. Hasta que finalmente pasaré la prueba más difícil de todas, comunicarme con la madre, el padre, los hermanos y las hermanas. Lo sabré hacer desde el corazón, así sabrán qué necesito, cómo me siento, qué pienso de la vida. Y como por arte de magia, ellos sabrán escuchar desde el corazón, y me comunicarán qué necesitan, cómo se sienten y qué piensan de la vida.

Y entonces ¡todo será tan fácil! No habrá conversaciones escondidas ni pensamientos castrados. Tampoco habrá juicio por los haceres diferentes. La libertad se paseará solemne porque será reconocida y respetada.

Si pudiera, le pediría al cielo que lloviera agua sabia para regar todos los gobiernos y plazas mayores, y así pudiera florecer la capacidad de comunicarse y dialogar en todos los humanos.

 

Laura Pedró Xaus. Todos los derechos reservados.